Fallecimiento de D. Salvador Leal Rico

 

Nos ha llegado el momento, el instante de contaros una luctuosa noticia en el mundo de la Donación de Sangre Altruista. El pasado día 1 del corriente mes de Octubre (2018), falleció nuestro compañero, amigo y Presidente de la ADSPA D. Salvador Leal Rico, quien, a sus 84 años e, inesperadamente para muchos de nosotros que le queríamos, se fue apagando en pocos segundos cuando su grande corazón, el mismo que era capaz de seguir latiendo durante tantos y tantos años por esta nuestra causa de las colectas de sangre, dejó de latir.

 

Se nos ha marchado uno de los pioneros de la causa, uno de aquellos que con fe y sumo entusiasmo en lo que nacía, con escasos medios emprendió su personal y colectiva cruzada en defensa de la Donación altruista de sangre, gratuita, libre y voluntaria. Pronto se convertiría en el flamante presidente de los donantes de sangre en su pueblo, Castalla, al socaire de otra eminencia en estas lides, el médico rural D. Trinidad Ribera de quien se convirtió en su flamante escudero. El soplo vivificante de vida que se cernía en torno a nuestra causa fue desterrando, poco a poco y no sin sumo esfuerzo, el que la donación altruista se fuese abriendo cada vez más paso en una sociedad donde hasta pocos años antes todavía se preocupaba de llamar a bares, tugurios y otros locales de similar calado requiriendo el que se les enviase parroquianos dispuestos a donar medio litro de su sangre a cambio de una suficiente remuneración económica (500 pesetas, o 3 euros), o lo que era lo mismo, a peseta el gramo de sangre.

 

Personas como Salvador Leal contribuyeron eficazmente a alejar la moribunda oscuridad del mundo de las donaciones y con ello arrullar el alma serena de muchos enfermos y accidentados. La luz de su efervescente personalidad arrancó destellos en la oscuridad. Como he mencionado, se nos ha ido un pionero, y con cada uno de éstos que nos deja, perdemos algo importante dentro del mundo de las colectas de sangre, pues ellos trabajaron de forma más natural y rudimentaria cuando en los años sesenta todavía no había teléfonos móviles ni Internet. Bueno, parece que florece el silencio hoy que, todavía conservamos ojos orlados de profundas ojeras. Pero la causa sigue viva, tanto como esa pléyade de enfermos o accidentados que, como en las primeras etapas de nuestra carrera necesitaban ese poco de sangre, plaquetas o plasma para recuperar la alegría de volver a vivir.

 

Descanse en paz nuestro querido Maestro. Seguimos en la lucha de que a nadie le falte esa bolsa de sangre.

Moisés Aparici Pastor

Vicepresidente ADSPA

 

 

 

 

 

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